Reconoce la alarma
Prueba a decirte: «Estoy sintiendo una alarma de ansiedad». Describe lo que ocurre sin convertirlo inmediatamente en una predicción.
Ansiedad anticipatoria y pensamientos catastróficos
Puedes estar haciendo algo cotidiano y, aun así, sentir que algo malo está a punto de ocurrir. Aunque no encuentres un peligro concreto, tu mente y tu cuerpo permanecen preparados para una amenaza que nunca termina de llegar.
Antes de empezar
La sensación de que algo malo va a pasar es frecuente en periodos de ansiedad. Puede aparecer como un pensamiento concreto —«voy a enfermar», «algo le ocurrirá a mi familia» o «todo va a salir mal»— o como una inquietud difícil de explicar, sin una amenaza claramente identificable.
Cuando tu sistema nervioso está activado, el cerebro intenta encontrar una explicación para esa sensación. Si el cuerpo se siente en peligro, la mente puede empezar a buscar qué podría estar mal, anticipar problemas o construir escenarios negativos.
El pensamiento puede resultar convincente porque aparece acompañado de sensaciones físicas reales: presión en el pecho, tensión, palpitaciones, mareo, inquietud o un nudo en el estómago. Sin embargo, la intensidad de una sensación no demuestra que su interpretación sea cierta.
Intentar garantizarte que no sucederá nada malo suele aliviar durante un momento, pero también puede mantener la necesidad de seguir comprobando, preguntando o anticipando todos los riesgos posibles.
El objetivo no consiste en demostrar que nunca ocurrirá nada negativo. Se trata de aprender a reconocer la alarma, tolerar una parte de incertidumbre y continuar con tu vida sin responder a cada pensamiento como si fuera una advertencia fiable.
Primeros pasos
Estos pasos pueden ayudarte a atravesar el momento sin intentar resolver inmediatamente todos los escenarios que plantea la ansiedad.
Prueba a decirte: «Estoy sintiendo una alarma de ansiedad». Describe lo que ocurre sin convertirlo inmediatamente en una predicción.
Cambia «algo malo va a pasar» por «tengo la sensación de que algo malo va a pasar». Esta pequeña diferencia recuerda que estás experimentando un pensamiento, no confirmando un hecho.
Pregúntate si existe un peligro concreto que requiera actuar en este momento. Si no lo hay, intenta no resolver mentalmente amenazas hipotéticas.
No necesitas conseguir que la sensación desaparezca inmediatamente. Permite que esté presente unos minutos mientras respiras con naturalidad y mantienes los pies apoyados en el suelo.
Observa varios elementos del entorno, escucha los sonidos cercanos o describe la actividad que estabas realizando. El objetivo es dejar de enfocar toda la atención en la amenaza.
Vuelve a una tarea pequeña y definida, aunque la inquietud no haya desaparecido por completo. Esperar a sentir seguridad total puede mantener la evitación.
Comprender el ciclo
La ansiedad anticipatoria puede crear un círculo en el que cada intento de evitar el peligro aumenta la vigilancia.
Notas inquietud, tensión, palpitaciones, mareo o una sensación difícil de explicar.
El cerebro interpreta que, si te sientes así, debe existir una amenaza aunque todavía no puedas identificarla.
Empiezas a pensar en enfermedades, accidentes, pérdidas, conflictos o errores que podrían ocurrir.
Compruebas el cuerpo, revisas mensajes, llamas a alguien, buscas información o repasas mentalmente todos los riesgos.
Una comprobación o explicación tranquilizadora reduce momentáneamente la ansiedad.
El cerebro aprende que debía existir un peligro y permanece atento a la siguiente sensación, pensamiento o señal de amenaza.
Estas respuestas son comprensibles, pero pueden reforzar la idea de que cada sensación de alarma necesita ser resuelta.
Repasar una y otra vez todo lo que podría salir mal.
Buscar constantemente señales que confirmen o descarten el peligro.
Preguntar repetidamente a otras personas si creen que ocurrirá algo.
Comprobar mensajes, noticias, ubicaciones o redes sociales para asegurarte de que todos están bien.
Buscar síntomas o posibles amenazas en Internet cada vez que aparece la sensación.
Cancelar actividades únicamente porque tienes un mal presentimiento.
Interpretar la ansiedad física como una prueba de que tu intuición está avisándote.
Intentar sustituir cada pensamiento negativo por una certeza absoluta.
Esperar a sentirte completamente seguro antes de continuar con tu día.
Ejercicio práctico
Este ejercicio permite tomar distancia de la predicción sin entrar en una discusión interminable con ella.
Escribe exactamente qué temes que ocurra, sin utilizar expresiones generales como «algo malo».
Anota qué sensación, situación o pensamiento activó esa predicción.
Diferencia entre lo que está ocurriendo ahora y lo que tu mente imagina que podría ocurrir.
Pregúntate si existe alguna acción útil y proporcionada que debas realizar en este momento.
Si existe, hazla una sola vez sin añadir comprobaciones repetitivas.
Si no existe, responde: «No puedo resolver ahora un peligro hipotético».
Valora la intensidad de la ansiedad del 0 al 10 y continúa durante unos minutos con una actividad concreta.
Vuelve a valorar la ansiedad después, observando si ha cambiado sin haber obtenido una certeza absoluta.
A medio plazo
El objetivo no es controlar todos tus pensamientos, sino modificar gradualmente la forma en la que respondes a ellos.
Anota qué tipos de catástrofes anticipas con mayor frecuencia: problemas de salud, accidentes, rechazo, pérdida de control o dificultades familiares.
Observa si la sensación aparece cuando estás cansado, solo, bajo presión, después de leer noticias o al notar determinados cambios corporales.
Que algo sea posible no significa que sea probable ni que necesites prepararte para ello durante todo el día.
Reduce gradualmente las preguntas, búsquedas y comprobaciones que realizas para confirmar que no va a ocurrir nada.
Vuelve progresivamente a aquellas situaciones que has dejado de hacer por miedo a que suceda algo, empezando por las más manejables.
Mantén horarios de sueño razonables, movimiento regular, pausas reales y un consumo moderado de cafeína y otros estimulantes.
Utiliza frases como: «Es un escenario que plantea mi ansiedad», «Ahora mismo no está ocurriendo» o «Puedo continuar aunque exista incertidumbre».
Valora si puedes continuar con tu vida a pesar de la inquietud. Tener algún pensamiento negativo no significa que hayas retrocedido.
Si existe un peligro real, una situación de violencia, una emergencia médica o un riesgo concreto para ti u otra persona, actúa y solicita la ayuda correspondiente. Trabajar la ansiedad anticipatoria no consiste en ignorar problemas reales, sino en diferenciar una actuación proporcionada de la necesidad repetitiva de resolver amenazas hipotéticas. Ante una emergencia, llama al 112.
Puede ser recomendable pedir ayuda psicológica si pasas gran parte del día anticipando desgracias, si la sensación de peligro aparece sin un motivo claro o si necesitas comprobar constantemente que todo está bien.
También conviene consultar si has empezado a evitar salir, conducir, viajar, quedarte solo, separarte de personas importantes o realizar actividades cotidianas por miedo a que ocurra algo.
En terapia se puede trabajar la interpretación de las sensaciones físicas, los pensamientos catastróficos, la intolerancia a la incertidumbre, la hipervigilancia y las conductas utilizadas para buscar seguridad.
Si el malestar se acompaña de pensamientos sobre hacerte daño, sientes que no puedes mantenerte a salvo o existe una emergencia, solicita ayuda inmediata llamando al 112 o acudiendo al servicio de urgencias más cercano.
Recursos relacionados
Comprende por qué aparece esta sensación y cómo se relaciona con la ansiedad anticipatoria.
Descubre por qué la mente imagina desenlaces negativos y los percibe como probables.
Encuentra primeros pasos para atravesar un momento de ansiedad intensa.
Reduce la vigilancia corporal y las comprobaciones utilizadas para buscar seguridad.
Comprende por qué la ansiedad puede hacerte temer tus propias reacciones.
Evalúa de forma orientativa la frecuencia de algunos síntomas relacionados con la ansiedad.
Preguntas frecuentes
Puede ocurrir cuando el sistema nervioso permanece en alerta y la mente intenta explicar esa activación buscando posibles amenazas. El estrés, la ansiedad, la falta de sueño y determinadas experiencias previas pueden favorecer este patrón.
No. Una sensación intensa puede resultar convincente, pero no constituye una predicción fiable. La ansiedad puede generar una percepción de peligro incluso cuando no existe una amenaza inmediata.
La ansiedad suele ser insistente, repetitiva, urgente y difícil de satisfacer. Puede plantear numerosos escenarios y exigir comprobaciones constantes. La intuición no permite predecir con certeza el futuro, por lo que conviene valorar los hechos disponibles y actuar de forma proporcionada.
Intentar expulsarlos por completo puede hacer que aparezcan con más fuerza. Suele ser más útil reconocerlos como pensamientos, reducir las comprobaciones y volver a la actividad que estabas realizando.
Por la noche puede haber menos distracciones, más cansancio y mayor atención hacia los pensamientos y las sensaciones corporales. Además, dormir mal puede aumentar la sensibilidad a la ansiedad al día siguiente.
La tranquilidad obtenida mediante comprobaciones o garantías suele durar poco. Como no es posible conseguir certeza absoluta sobre el futuro, aparece una nueva duda que reactiva el ciclo.
Observa los desencadenantes, reduce gradualmente las conductas de seguridad y continúa con actividades importantes aunque exista incertidumbre. Si ocupa gran parte del día o afecta a tu vida, puede ser recomendable solicitar ayuda psicológica.
Cuando la anticipación de posibles desgracias limita tus decisiones, provoca comprobaciones frecuentes, altera el descanso o te impide disfrutar de situaciones cotidianas.
Pablo de Lucas González ofrece terapia psicológica presencial en Collado Villalba y terapia online para trabajar ansiedad anticipatoria, pensamientos catastróficos, hipervigilancia y miedo a la incertidumbre.