Pon nombre a la necesidad
Prueba a decirte: «Estoy sintiendo la necesidad de comprobar». Reconocer el impulso no significa que tengas que obedecerlo inmediatamente.
Hipervigilancia y ansiedad por la salud
Mirar repetidamente el pulso, examinar una parte del cuerpo o comprobar si una sensación continúa puede tranquilizarte durante unos minutos. Sin embargo, cuanto más compruebas, más difícil resulta dejar de prestar atención a cualquier cambio corporal.
Antes de empezar
Cuando aparece una sensación física que te preocupa, es comprensible intentar averiguar qué significa. Quizá te tomes el pulso, examines tu piel, compruebes tu respiración o realices determinados movimientos para confirmar que todo funciona correctamente.
La comprobación suele producir un alivio inmediato. Durante unos segundos o minutos puedes sentir que has descartado el peligro. Sin embargo, ese alivio dura poco y pronto aparece una nueva duda: «¿Y si no lo he comprobado bien?», «¿Y si ha cambiado?» o «¿Y si esta vez significa algo diferente?».
Cada comprobación enseña al cerebro que la sensación era suficientemente peligrosa como para necesitar ser vigilada. Esto aumenta la atención sobre el cuerpo y hace que percibas cambios que anteriormente habrían pasado desapercibidos.
El objetivo no consiste en ignorar tu salud ni en asumir que cualquier síntoma se debe a la ansiedad. Se trata de aprender a distinguir una actuación médica razonable de una comprobación repetitiva que busca una certeza imposible de mantener.
Reducir estas conductas puede generar ansiedad al principio. Con la práctica, permite que el cerebro descubra que no necesita comprobar constantemente para mantenerte a salvo.
Primeros pasos
Estos pasos pueden ayudarte a crear distancia entre la aparición de la duda y la respuesta automática de comprobar.
Prueba a decirte: «Estoy sintiendo la necesidad de comprobar». Reconocer el impulso no significa que tengas que obedecerlo inmediatamente.
Pregúntate qué certeza estás buscando: que el corazón late correctamente, que la sensación no ha cambiado o que no existe ninguna enfermedad. Esto permite reconocer cuándo buscas una garantía absoluta.
En lugar de prohibírtela de golpe, espera cinco o diez minutos. Durante ese tiempo, permanece con la incertidumbre y continúa con una actividad concreta.
Evita dejar de tomarte el pulso para empezar a controlar la respiración, buscar síntomas en Internet o preguntar a alguien si pareces estar bien.
Describe algo que puedas ver, escuchar o tocar. No necesitas distraerte por completo, pero sí ampliar la atención más allá de la sensación corporal.
Prueba a responder: «No puedo obtener una certeza total ahora mismo y voy a continuar con lo que estaba haciendo».
Comprender el ciclo
Las comprobaciones suelen mantenerse porque reducen la ansiedad inmediatamente, aunque aumenten la preocupación a largo plazo.
Notas una palpitación, una molestia, un mareo, un cambio en la piel o cualquier otra sensación que llama tu atención.
La mente plantea que podría ser el comienzo de una enfermedad, una emergencia o una pérdida de control.
Te tomas el pulso, te miras al espejo, presionas la zona, comparas ambos lados del cuerpo o repites un movimiento.
Durante un momento parece que no ocurre nada grave. Este alivio hace que comprobar resulte todavía más tentador la próxima vez.
Te preguntas si lo hiciste correctamente, si el síntoma ha cambiado o si deberías volver a comprobarlo.
Cuanto más observas el cuerpo, más sensaciones detectas y más oportunidades aparecen para interpretar algo como peligroso.
Estas respuestas pueden parecer útiles a corto plazo, pero suelen reforzar la necesidad de comprobar.
Tomarte repetidamente el pulso, la tensión, la temperatura o la saturación sin una indicación sanitaria.
Examinar continuamente lunares, venas, pupilas, ganglios u otras partes del cuerpo.
Presionar una zona para averiguar si todavía duele o si la sensación ha cambiado.
Realizar movimientos, pruebas de fuerza o ejercicios mentales para confirmar que todo funciona correctamente.
Comparar constantemente un lado del cuerpo con el otro.
Buscar cada nueva sensación en Internet para descartar enfermedades.
Preguntar repetidamente a familiares o profesionales si estás bien.
Revisar informes o resultados médicos cada vez que reaparece la duda.
Esperar a sentir una seguridad completa antes de continuar con tu día.
Ejercicio práctico
Este ejercicio puede ayudarte a comprobar que el impulso cambia aunque no respondas inmediatamente.
Anota la sensación o el pensamiento que ha desencadenado la necesidad de comprobar.
Escribe qué comprobación quieres realizar, por ejemplo: «Quiero tomarme el pulso».
Valora la intensidad del impulso del 0 al 10.
Retrasa la comprobación durante cinco minutos y continúa con una actividad sencilla.
Cuando termine el tiempo, vuelve a valorar el impulso del 0 al 10.
Si puedes, espera otros cinco minutos sin buscar tranquilidad mediante Internet, preguntas o nuevas comprobaciones.
Anota qué ocurrió realmente y si la necesidad se mantuvo igual, aumentó o disminuyó.
Repite el ejercicio gradualmente, ampliando el tiempo cuando resulte manejable.
A medio plazo
No necesitas eliminar todas las conductas de una vez. Un cambio progresivo suele ser más sostenible.
Incluye tanto las más evidentes, como tomarte el pulso, como otras más sutiles: tragar para probar la garganta, recordar palabras o escanear mentalmente el cuerpo.
Durante unos días, anota aproximadamente cuántas veces compruebas. El objetivo no es vigilarte todavía más, sino conocer el patrón desde el que partes.
Empieza por una comprobación frecuente pero manejable. Intentar eliminar todas al mismo tiempo puede hacer que el cambio resulte demasiado intenso.
Si compruebas diez veces al día, prueba primero a reducirlo a ocho o a retrasar algunas de esas comprobaciones.
Si has realizado una comprobación, intenta no repetirla porque no te haya proporcionado suficiente seguridad. La segunda revisión suele alimentar la misma duda.
Dedica el tiempo que antes utilizabas para comprobar a una actividad que la preocupación haya desplazado, aunque todavía notes cierta ansiedad.
Utiliza respuestas como: «Es posible que sea importante y también es posible que no; ahora no necesito resolverlo de nuevo».
Valora si compruebas menos y si recuperas libertad, no si has conseguido eliminar por completo todas las sensaciones o dudas.
Si aparece un síntoma nuevo, intenso, persistente, claramente diferente o acompañado de señales de alarma, consulta con un profesional sanitario. Una valoración médica adecuada es compatible con trabajar después la necesidad de revisar repetidamente aquello que ya ha sido evaluado. Ante una posible emergencia, llama al 112.
Puede ser recomendable pedir ayuda psicológica si dedicas gran parte del día a observar tu cuerpo, buscar síntomas o pedir confirmación de que estás bien.
También conviene consultar si las comprobaciones interfieren en el trabajo, el descanso o las relaciones, o si evitas hacer ejercicio, viajar, quedarte solo o alejarte de un centro sanitario.
En terapia se puede trabajar la interpretación de las sensaciones corporales, la necesidad de certeza, la tolerancia a la incertidumbre y la reducción gradual de las conductas de comprobación.
Si presentas dolor intenso o persistente en el pecho, dificultad respiratoria grave, desmayo, confusión, debilidad repentina, alteraciones importantes del habla o cualquier posible emergencia médica, solicita atención sanitaria urgente.
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Preguntas frecuentes
Porque comprobar reduce momentáneamente la ansiedad. Ese alivio refuerza la conducta y hace que tu cerebro vuelva a pedirla cuando aparece una nueva sensación o duda.
Una actuación razonable suele responder a un síntoma concreto y termina después de recibir una valoración o seguir una indicación profesional. La comprobación ansiosa se repite, busca certeza absoluta y proporciona un alivio que dura muy poco.
No necesariamente. Reducir gradualmente la frecuencia, retrasar la respuesta y empezar por una sola conducta puede resultar más manejable y sostenible.
La atención aumenta la percepción de sensaciones normales que habitualmente pasarían desapercibidas. Además, la ansiedad puede generar tensión, palpitaciones, mareo y otros cambios corporales.
Puede serlo cuando se utiliza repetidamente para obtener tranquilidad. La información suele aliviar durante unos minutos, pero también puede introducir nuevas enfermedades y aumentar la duda.
Puede mantenerla si necesitas esa confirmación repetidamente. La tranquilidad externa reduce el miedo a corto plazo, pero dificulta aprender que puedes tolerar la duda sin preguntar.
Es una respuesta esperable al principio. Puedes empezar retrasando o reduciendo una comprobación, permitiendo que la ansiedad cambie por sí sola sin exigir que desaparezca inmediatamente.
Cuando las comprobaciones ocupan mucho tiempo, condicionan tus decisiones, afectan a tu vida cotidiana o continúan a pesar de haber recibido valoraciones médicas tranquilizadoras.
Pablo de Lucas González ofrece terapia psicológica presencial en Collado Villalba y terapia online para trabajar ansiedad por la salud, hipervigilancia corporal, necesidad de certeza y comprobaciones repetitivas.