Define la decisión concreta
Resume en una frase qué tienes que decidir. Evita mezclar la elección actual con todos los posibles problemas que podrían aparecer en el futuro.
Indecisión, miedo a equivocarte y búsqueda de certeza
Quizá analizas todas las posibilidades, preguntas a varias personas o aplazas una elección porque ninguna opción consigue darte una seguridad completa. Sin embargo, la mayoría de las decisiones no permiten eliminar todas las dudas. Aprender a decidir no consiste en estar completamente seguro, sino en utilizar la información disponible y avanzar aceptando un margen razonable de incertidumbre.
Antes de empezar
Tomar una decisión implica renunciar temporalmente a otras posibilidades sin poder comprobar de antemano cuál producirá el mejor resultado. Por eso incluso una elección razonable puede ir acompañada de dudas.
Cuando tienes mucho miedo a equivocarte, puedes interpretar esa duda como una señal de que todavía no estás preparado para decidir. Entonces buscas más información, vuelves a comparar o esperas a sentir una certeza que quizá nunca llegue.
También es posible que tomes una decisión y, poco después, vuelvas a analizarla. Repasas las alternativas, preguntas si has hecho lo correcto o interpretas cualquier incomodidad como una prueba de que te has equivocado.
Este proceso puede hacer que decisiones pequeñas ocupen mucho tiempo y que las importantes parezcan imposibles. Cuanto más intentas garantizar el resultado, menos confianza tienes en tu capacidad para elegir.
Una buena decisión no es aquella que termina necesariamente con el mejor resultado. Es la que utiliza de forma razonable la información disponible, tiene en cuenta tus necesidades y puede revisarse si aparecen datos realmente nuevos.
Decidir sin estar completamente seguro no significa actuar impulsivamente. Significa aceptar que llega un momento en el que continuar analizando ya no mejora la elección y únicamente intenta reducir la ansiedad.
Primeros pasos
Utiliza estos pasos para organizar la elección y poner un límite al análisis. El objetivo no es eliminar las dudas antes de decidir.
Resume en una frase qué tienes que decidir. Evita mezclar la elección actual con todos los posibles problemas que podrían aparecer en el futuro.
Pregúntate si la decisión es reversible, cuánto impacto tendrá y cuánto tiempo merece. No todas las elecciones necesitan el mismo nivel de análisis.
Elige dos o tres aspectos realmente importantes, como tus valores, necesidades, recursos o límites. Demasiados criterios pueden convertir cualquier alternativa en insuficiente.
Obtén los datos relevantes que razonablemente necesitas. Evita seguir investigando cuando las nuevas comparaciones ya no modifican de forma significativa la decisión.
Establece un límite proporcionado. Puede ser dentro de diez minutos para una elección pequeña o después de unos días para una decisión más importante.
Cuando llegue el momento, selecciona la opción suficientemente razonable y realiza una acción concreta. No esperes a sentirte completamente tranquilo para avanzar.
Comprender el ciclo
Analizar más puede parecer una forma de protegerte, pero cuando el objetivo es eliminar cualquier posibilidad de error suele aumentar las dudas.
Necesitas elegir entre varias opciones y ninguna ofrece una garantía completa sobre lo que ocurrirá.
Imaginas las posibles consecuencias y piensas que una elección incorrecta demostraría que actuaste mal o que no podrás afrontar el resultado.
Comparas todos los detalles, investigas nuevas alternativas y tratas de anticipar cualquier problema posible.
Preguntas a varias personas qué harían o cuál consideran que es la elección correcta para reducir tu responsabilidad.
Pospones la elección o escoges una opción, pero la tranquilidad conseguida dura poco.
Una nueva duda hace que reabras el proceso y pierdas confianza en tu capacidad para decidir sin garantías.
Estas respuestas pueden aliviar temporalmente la inseguridad, pero también prolongan el bloqueo y hacen que dependas cada vez más de sentir certeza.
Esperar a que desaparezca completamente la duda.
Buscar una opción que no tenga ninguna desventaja.
Comparar continuamente alternativas muy similares.
Seguir investigando cuando ya tienes la información relevante.
Preguntar a muchas personas qué deberías hacer.
Cambiar de criterio según la última opinión recibida.
Utilizar listas interminables de ventajas e inconvenientes.
Intentar predecir todas las consecuencias posibles.
Confundir sentir ansiedad con estar tomando una mala decisión.
Aplazar decisiones pequeñas durante demasiado tiempo.
Delegar todas tus elecciones para no asumir responsabilidad.
Tomar una decisión solo para dejar de sentir ansiedad.
Revisar inmediatamente si has elegido correctamente.
Comparar tu elección con lo que hicieron otras personas.
Buscar señales que confirmen que acertaste.
Interpretar cualquier dificultad como prueba de un error.
Reabrir la decisión sin que haya aparecido información nueva.
Castigarte por no haber podido prever el resultado.
Ejercicio práctico
Puedes utilizar este ejercicio con una elección cotidiana de dificultad moderada. El propósito es practicar un proceso limitado, no encontrar una garantía absoluta.
Escribe en una frase cuál es la decisión que necesitas tomar.
Indica si es reversible, parcialmente reversible o difícil de cambiar.
Establece cuánto tiempo merece razonablemente esta elección.
Selecciona un máximo de tres criterios importantes para ti.
Descarta las opciones que incumplan claramente esos criterios.
Compara únicamente las alternativas que siguen siendo viables.
Comprueba si necesitas algún dato relevante que todavía no tienes.
Si lo necesitas, búscalo una vez y vuelve a la decisión.
Fija una hora o fecha límite para elegir.
Cuando llegue el momento, escoge una opción suficientemente razonable.
Realiza una acción concreta que ponga en marcha tu elección.
Anota cuándo podrás revisarla si aparecen datos nuevos.
Hasta entonces, evita volver a comparar las mismas alternativas.
Valora el ejercicio por haber decidido con un proceso razonable, no por sentirte completamente seguro.
A medio plazo
La seguridad suele aparecer después de practicar decisiones, no antes. Empieza con elecciones pequeñas y aumenta gradualmente su dificultad.
Distingue entre elecciones pequeñas, importantes y difíciles de revertir. Reservar más análisis para las que realmente lo necesitan evita tratar cada decisión como algo trascendental.
Decide cuánto tiempo dedicarás según la importancia de la elección. Cuando termine, elige con la información disponible.
Demasiadas alternativas pueden aumentar el bloqueo. Selecciona primero las que cumplen tus criterios básicos y compara solo esas.
Elige sin revisar excesivamente en situaciones que puedas modificar después, como una actividad, una compra pequeña o la organización de una tarde.
Si necesitas orientación, elige a una persona adecuada y formula una pregunta concreta. Después utiliza su opinión como información, no como una orden o garantía.
Una vez tomada la decisión, evita revisarla únicamente porque vuelvas a sentir dudas. Reconsidérala cuando aparezca información relevante o llegue la fecha que hayas establecido.
Una elección razonable puede tener un resultado desfavorable, y una decisión poco meditada puede salir bien. Evalúa el proceso que seguiste, no solo lo que ocurrió.
Si algo no funciona, identifica qué información puede ayudarte en futuras decisiones. Aprender es diferente de repasar el pasado buscando cómo deberías haberlo previsto todo.
Algunas decisiones médicas, legales, financieras o relacionadas con la seguridad requieren información especializada y una valoración más detallada. Pedir asesoramiento profesional puede ser una acción prudente. El problema aparece cuando, aun disponiendo de información suficiente, ninguna explicación ni recomendación consigue parecerte definitiva y continúas buscando una garantía imposible.
Puede ser recomendable pedir ayuda si la indecisión ocupa gran parte de tu tiempo, interfiere con tus responsabilidades o hace que evites oportunidades importantes.
También conviene consultar si necesitas que otras personas decidan por ti, cambias constantemente de elección o revisas durante días si has cometido un error.
En terapia pueden trabajarse el miedo al fracaso, el perfeccionismo, la intolerancia a la incertidumbre, la necesidad de validación y la responsabilidad excesiva.
El objetivo no consiste en tomar siempre la decisión correcta. Se trata de desarrollar un proceso razonable, confiar más en tus criterios y afrontar los resultados sin exigir que todo pueda preverse.
Recursos relacionados
Aprende a avanzar sin necesitar garantías completas sobre lo que ocurrirá.
Reduce la anticipación de escenarios negativos que dificulta tomar decisiones.
Recupera confianza en tus propios criterios sin pedir confirmación constantemente.
Aprende a responder a los pensamientos repetitivos cuando intentas descansar.
Afronta las dudas en una relación sin intentar obtener respuestas inmediatas.
Recupera momentos de calma sin revisar continuamente si todo está bajo control.
Preguntas frecuentes
Define qué debes decidir, identifica tus criterios principales, reúne la información relevante y establece un límite de tiempo. Después, elige una opción suficientemente razonable aunque todavía exista alguna duda.
Puede influir el miedo a equivocarte, el perfeccionismo, la necesidad de aprobación, la responsabilidad excesiva o la dificultad para tolerar la incertidumbre. Analizar más no siempre resuelve estos temores.
En muchas situaciones no existe una única opción correcta que pueda conocerse de antemano. Puedes valorar qué alternativa encaja mejor con tus necesidades, valores y circunstancias actuales.
No. La duda es habitual cuando una decisión tiene importancia o implica renunciar a otras posibilidades. La ansiedad tampoco permite determinar por sí sola si una opción es adecuada.
Depende de su importancia, sus consecuencias y lo difícil que resulte modificarla. Una elección pequeña puede requerir minutos, mientras que una decisión importante puede necesitar varios días y asesoramiento especializado.
No. Pedir una opinión concreta puede aportarte información útil. Se convierte en un problema cuando preguntas repetidamente para que otra persona elimine tus dudas o asuma la responsabilidad de elegir.
Recuerda qué información tenías cuando elegiste y diferencia la incomodidad inicial de un problema real. Si aparecen datos nuevos, puedes revisar la decisión; si no, intenta evitar reabrirla únicamente para reducir la ansiedad.
Equivocarte es una posibilidad presente en cualquier elección. Puedes aprender, corregir parte de las consecuencias y utilizar la experiencia en el futuro. No necesitas garantizar que nunca cometerás un error para poder decidir.
Cada cambio puede aliviar durante un momento el miedo asociado a la opción anterior. Sin embargo, pronto aparecen dudas sobre la nueva alternativa y comienza otra vez el análisis.
Cuando la indecisión limita tu vida, ocupa demasiado tiempo, genera un malestar intenso o hace que dependas continuamente de otras personas para elegir y confirmar que has actuado bien.
Pablo de Lucas González ofrece terapia psicológica presencial en Collado Villalba y terapia online para trabajar la indecisión, el perfeccionismo y el miedo a equivocarte.