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Pablo de Lucas

Psicólogo sanitario

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El perfeccionismo: cuando querer hacerlo bien se convierte en una trampa

21 de junio de 2026

El perfeccionismo: cuando querer hacerlo bien se convierte en una trampa

¿Revisas varias veces algo que ya está bien antes de entregarlo? ¿Te cuesta empezar proyectos porque no te sientes suficientemente preparado/a? ¿Cuando algo sale bien lo das por hecho, pero cuando algo sale mal te lo reproches durante días? Si reconoces alguna de estas situaciones, puede que el perfeccionismo esté ocupando más espacio en tu vida del que crees.

El perfeccionismo tiene buena prensa. Se presenta a menudo como una virtud, una señal de compromiso y de altos estándares. Pero cuando se examina más de cerca, suele esconder algo bien distinto: miedo al error, miedo al juicio ajeno, y una autoestima que depende de no fallar nunca.

¿Qué es el perfeccionismo?

El perfeccionismo no es querer hacer las cosas bien. Es la creencia, muchas veces inconsciente, de que cualquier resultado que no sea perfecto es inaceptable, y de que los errores tienen consecuencias graves sobre el valor propio como persona. Es la distancia enorme entre el estándar que uno se impone y la tolerancia que tiene ante sus propios fallos.

Desde la psicología cognitiva, el perfeccionismo se sostiene sobre una serie de creencias disfuncionales: que cometer un error significa ser un fracaso, que los demás esperan la perfección, que si se bajan los estándares todo se derrumba. Creencias que se aprendieron en algún momento y que, desde entonces, dirigen el comportamiento sin que uno las haya cuestionado nunca.

Las dos caras del perfeccionismo

El perfeccionismo puede expresarse de formas aparentemente opuestas. La primera es la hiperactividad perfeccionista: la persona que revisa, corrige, reelabora y nunca termina de dar por bueno nada. La segunda, menos evidente, es la parálisis perfeccionista: la persona que no empieza porque si no puede hacerlo perfectamente, prefiere no hacerlo. En ambos casos, la raíz es la misma: el error se vive como una amenaza.

También existe el perfeccionismo dirigido hacia los demás: la persona que no solo se exige mucho a sí misma, sino que tiene grandes expectativas sobre quienes la rodean, con el consiguiente coste en las relaciones.

El coste real del perfeccionismo

La procrastinación, paradójicamente, es una de las consecuencias más frecuentes del perfeccionismo. También lo son el agotamiento crónico, la dificultad para disfrutar de los logros, la tendencia a compararse constantemente con los demás y la sensación persistente de que uno no llega nunca a ser suficiente.

En las relaciones, el perfeccionismo puede traducirse en dificultad para pedir ayuda (porque hacerlo sería admitir una limitación), en problemas para delegar o en una autoexigencia que se extiende, sin quererlo, a las personas cercanas.

¿De dónde viene?

Casi siempre tiene raíces en entornos en los que el afecto o la aprobación estaban ligados al rendimiento, donde el error tenía consecuencias desproporcionadas, o donde el mensaje implícito era que valer como persona dependía de conseguir resultados. La Gestalt presta atención especial a esas experiencias tempranas en las que el niño aprendió que no era suficiente tal como era, y a cómo ese mensaje sigue operando en el adulto.

¿Cómo se trabaja?

Desde un enfoque integrador se trabajan varios niveles simultáneamente. A nivel cognitivo, se identifican y cuestionan las creencias que sostienen el perfeccionismo. A nivel emocional, se trabaja la tolerancia al error y a la imperfección, y la relación con la vergüenza y el miedo al juicio. Desde la Gestalt, se explora el contacto con las propias necesidades reales frente a las exigencias interiorizadas, y se trabaja la figura del crítico interno con una mirada compasiva pero honesta. Desde las terapias contextuales, se clarifica qué valores auténticos guían la vida de la persona, más allá del miedo a fallar.

El objetivo no es dejar de querer hacer las cosas bien. Es poder hacerlas, y equivocarse, sin que el valor propio esté en juego en cada intento.

Si el perfeccionismo está agotándote o impidiéndote avanzar, estaré encantado de ayudarte.

Siguiente paso

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