Mayor atención al cuerpo
Cuando disminuyen las distracciones externas, puedes percibir con más claridad el pulso, la respiración, la tensión muscular u otras sensaciones que ya estaban presentes.
Puede que durante el día consigas mantenerte ocupado, pero al sentarte, tumbarte o intentar descansar aparezcan pensamientos, tensión y sensaciones que hacen difícil desconectar.
Cuando esperas que la relajación elimine inmediatamente el malestar, cualquier señal de activación puede parecer un fracaso:
Cuando baja el ruido exterior
Mientras trabajas, hablas con otras personas o resuelves tareas, gran parte de tu atención está dirigida al exterior. Al detenerte, los pensamientos y las sensaciones corporales pueden pasar a primer plano.
Esto puede dar la impresión de que relajarte provoca la ansiedad. Sin embargo, muchas veces el descanso simplemente hace más visible una activación que ya estaba presente.
Notar más el corazón, la respiración o la tensión corporal al parar.
Sentir que los pensamientos se aceleran cuando intentas dejar la mente en blanco.
Ponerte nervioso al realizar ejercicios de respiración o meditación.
Levantarte para hacer algo porque permanecer quieto resulta incómodo.
Comprobar constantemente si ya estás más tranquilo.
Sentir culpa por descansar cuando todavía tienes asuntos pendientes.
Necesitar el móvil, la televisión o el ruido para no quedarte con tus pensamientos.
Pensar que no sabes relajarte o que algo no funciona bien en ti.
Lo que puede haber detrás
La dificultad no suele significar que seas incapaz de descansar. Puede estar relacionada con la vigilancia, el estrés acumulado y el esfuerzo por controlar lo que sientes.
Cuando disminuyen las distracciones externas, puedes percibir con más claridad el pulso, la respiración, la tensión muscular u otras sensaciones que ya estaban presentes.
Convertir la relajación en una obligación hace que evalúes continuamente si está funcionando. Esa vigilancia dificulta que el cuerpo reduzca su activación.
Al detener la actividad pueden aparecer preocupaciones que durante el día quedaban temporalmente tapadas por el trabajo, las tareas o las distracciones.
Si llevas tiempo anticipando problemas o intentando tener todo previsto, parar puede sentirse como bajar la guardia cuando todavía no te sientes seguro.
La aparición de pensamientos durante el descanso es normal. Intentar expulsarlos puede hacer que los vigiles todavía más. Relajarte no requiere que desaparezca todo pensamiento, sino que puedas dejar de responder a cada uno como si fuera urgente.
La paradoja de la relajación
Si utilizas la relajación como una prueba para comprobar que estás bien, terminas observando continuamente si todavía existe algún síntoma.
Te tumbas, respiras profundamente, meditas o intentas dejar de pensar.
Observas el cuerpo y la mente para saber si la ansiedad está disminuyendo.
Notas un pensamiento, una palpitación, tensión o que todavía no estás tranquilo.
Intentas controlar la respiración o eliminar los pensamientos, aumentando la vigilancia.
Cuanto más urgente parece tranquilizarte, más atención recibe cualquier sensación que indique que todavía no lo has conseguido. Así, la relajación deja de ser descanso y se convierte en una comprobación constante.
Descansar sin forzarte
El objetivo no es encontrar una técnica que elimine cualquier pensamiento o sensación. Se trata de recuperar la capacidad de bajar el ritmo sin examinar continuamente tu estado.
Puedes descansar aunque todavía notes ansiedad. No necesitas alcanzar una calma perfecta para permitir que tu cuerpo deje de esforzarse.
En lugar de intentar eliminar inmediatamente la ansiedad, permite que el descanso consista en reducir el ritmo y permanecer unos minutos sin tener que resolver nada. Puedes descansar aunque todavía exista activación.
Preguntarte cada pocos segundos si ya estás tranquilo mantiene la atención sobre el malestar. Elige una actividad sencilla y dale un margen antes de evaluar cómo te encuentras.
Llenar repetidamente los pulmones para comprobar que puedes respirar puede producir mareo, sensación de falta de aire o mayor tensión. Permite que la respiración encuentre un ritmo cómodo sin exigir que sea perfecta.
Pasar directamente de una jornada acelerada a permanecer completamente quieto puede resultar difícil. Prueba primero con una ducha, un paseo breve, estiramientos suaves o una tarea cotidiana realizada despacio.
No necesitas dejar la mente en blanco. Cuando aparezca una preocupación, reconoce que está ahí y vuelve a la actividad elegida sin comenzar a debatir con ella ni intentar expulsarla.
Empieza con periodos breves y flexibles. El objetivo es que tu cerebro aprenda que puedes parar sin controlar cada sensación, no completar una técnica de relajación de manera impecable.
Relajación y evitación
Mirar el móvil, encender la televisión o mantener ruido de fondo puede ayudarte a desconectar durante un rato. No existe nada problemático en utilizar estas actividades de forma flexible.
Sin embargo, si sientes que no puedes permanecer ni unos minutos sin estímulos porque aparecerían pensamientos o sensaciones insoportables, la distracción puede haberse convertido en una forma de evitación.
Tampoco necesitas eliminar todas las distracciones de golpe. Resulta más útil recuperar gradualmente la capacidad de elegir cómo descansar, sin sentir que debes mantenerte siempre ocupado para estar seguro.
La relajación puede adoptar muchas formas: caminar, cocinar, escuchar música, ducharte o realizar una actividad tranquila. No tiene que consistir necesariamente en permanecer inmóvil o concentrarte en la respiración.
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Terapia psicológica
Puede ser útil pedir ayuda si no consigues descansar sin distraerte, la activación aparece cada vez que paras, tienes miedo de quedarte a solas con tus pensamientos o el cansancio está afectando a tu vida cotidiana.
En terapia podemos explorar el estrés acumulado, las preocupaciones, la vigilancia corporal y la necesidad de control que hacen difícil bajar el ritmo.
Ofrezco terapia presencial en Torrelodones y Collado Villalba, además de terapia online.
Solicitar una primera citaPreguntas frecuentes
Al disminuir la actividad y las distracciones puedes percibir mejor los pensamientos y las sensaciones corporales. Además, intentar obligarte a estar tranquilo puede hacer que compruebes continuamente si la relajación está funcionando, manteniendo la vigilancia y la activación.
Durante el día, las tareas pueden mantener parte de tu atención ocupada. Al parar aparecen preocupaciones, cansancio y sensaciones que antes estaban en segundo plano. Esto no significa necesariamente que descansar sea perjudicial, sino que el cambio de ritmo hace más visible lo que ya estaba presente.
Sí. La mente continúa generando pensamientos aunque quieras descansar. Relajarse no requiere eliminar toda actividad mental. Intentar bloquear los pensamientos suele hacer que les prestes todavía más atención.
Centrarte demasiado en la respiración puede aumentar la vigilancia, hacer que intentes controlarla o llevarte a respirar más profundamente de lo necesario. Si te ocurre, puedes utilizar estímulos externos, movimiento suave o una actividad cotidiana como punto de atención.
En algunas personas, especialmente al principio o durante periodos de mucha activación, permanecer quietas y observar las sensaciones puede resultar incómodo. No es necesario forzarse. Puede ser preferible comenzar con prácticas breves, guiadas o basadas en movimiento.
La actividad puede funcionar como distracción, aportar sensación de control o evitar el contacto con pensamientos y emociones incómodas. El problema aparece cuando parar se vuelve intolerable y necesitas mantenerte ocupado para no sentir ansiedad.
Puedes empezar reduciendo el ritmo sin exigir calma completa: dar un paseo, ducharte, escuchar algo, estirar suavemente o realizar una tarea sencilla. Descansar no significa necesariamente permanecer inmóvil ni alcanzar un estado concreto.
Puede ser recomendable cuando la activación te impide descansar, dormir o disfrutar del tiempo libre, cuando necesitas estar siempre ocupado o cuando los intentos por controlar los pensamientos y las sensaciones ocupan cada vez más espacio.