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Pablo de Lucas

Psicólogo sanitario

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Adicciones: cuando lo que empezó como un alivio se convierte en un problema

14 de junio de 2026

Adicciones: cuando lo que empezó como un alivio se convierte en un problema

Pocas cosas generan tanto juicio y tan poca comprensión como las adicciones. Todavía persiste la idea de que son una cuestión de fuerza de voluntad, una elección deliberada, una debilidad moral. Y esa idea, además de ser incorrecta, hace mucho daño: aleja a las personas de la ayuda que necesitan y añade vergüenza a un sufrimiento que ya es suficientemente pesado.

La realidad es bastante más compleja, y bastante más humana.

¿Qué es una adicción?

Es un patrón de comportamiento compulsivo en el que una persona continúa usando una sustancia o realizando una conducta a pesar de las consecuencias negativas que le genera, y experimenta una pérdida progresiva del control sobre ese comportamiento. No es que no quiera parar: es que no puede, al menos no sin ayuda.

Las adicciones no se limitan a las drogas o al alcohol. El juego, las pantallas, la pornografía, las compras, el trabajo, el sexo o incluso ciertas dinámicas relacionales pueden convertirse en conductas adictivas cuando cumplen la misma función: aliviar un malestar que no sabe gestionarse de otra manera.

¿Por qué se desarrollan?

La adicción rara vez empieza como un problema. Empieza como una solución. Una forma de calmar la ansiedad, de adormecer el dolor emocional, de sentir algo cuando todo parece vacío, de desconectar de un estrés que se hace insoportable o de encajar en un grupo. El cerebro aprende que esa sustancia o conducta funciona, al menos a corto plazo, y empieza a recurrir a ella con más frecuencia y más intensidad.

Con el tiempo, la tolerancia aumenta: se necesita más para conseguir el mismo efecto. El sistema de recompensa del cerebro se reorganiza en torno a esa sustancia o conducta. Y lo que empezó siendo un alivio se convierte en una necesidad que genera sus propios problemas.

Detrás de casi todas las adicciones hay un malestar emocional no resuelto: trauma no procesado, ansiedad crónica, depresión, soledad profunda, baja autoestima. Tratar únicamente la conducta adictiva sin trabajar lo que hay debajo es una de las razones principales por las que las recaídas son tan frecuentes.

¿Cuándo es un problema?

Cuando la conducta empieza a interferir de forma significativa en áreas importantes de la vida: el trabajo, las relaciones, la salud o la economía. Cuando los intentos de dejarlo no funcionan o duran poco antes de volver al punto de partida. Cuando se necesita cada vez más para conseguir el mismo efecto. Cuando aparece un malestar intenso (físico o emocional) al intentar parar. Cuando la vida empieza a organizarse en torno a conseguir o consumir.

Muchas personas tardan años en reconocer que tienen un problema, en parte porque la adicción convive con periodos de aparente normalidad, y en parte porque la vergüenza y el miedo al juicio dificultan enormemente pedir ayuda.

¿Ha habido momentos en los que has intentado parar o reducir y no has podido? ¿Hay una conducta que sabes que te está haciendo daño pero a la que vuelves una y otra vez porque sin ella el malestar se hace insoportable? ¿Has sentido que necesitas esconder esa parte de tu vida a las personas cercanas? Si alguna de estas preguntas te resuena, no estás ante una cuestión de voluntad. Estás ante algo que merece atención y acompañamiento.

El papel de la recaída

Una de las ideas que más daño hace en el tratamiento de las adicciones es la de que una recaída significa fracaso o vuelta al punto de partida. No es así. La recaída es parte frecuente del proceso de recuperación, no su negación. Lo importante no es no caer nunca: es entender qué ocurrió, qué lo desencadenó y qué se puede hacer diferente la próxima vez.

El proceso de recuperación no es lineal, y no tiene que serlo.

¿Cómo se trabaja en terapia?

El abordaje terapéutico de las adicciones no se centra únicamente en la abstinencia. Se trabaja la función que cumple la conducta adictiva, las emociones y situaciones que la desencadenan, las creencias que la sostienen y la identidad más allá de la adicción. Se desarrollan estrategias alternativas de regulación emocional para que, cuando aparezca el malestar, haya otras opciones además de la conducta adictiva.

También se trabaja la motivación para el cambio, los sistemas de apoyo y, cuando es necesario, las experiencias pasadas que están en la raíz del problema.

Pedir ayuda no es rendirse ni admitir una derrota. Es reconocer que hay algo que no está funcionando y que merece atención. Es exactamente lo contrario de rendirse.

Si crees que una conducta está controlando tu vida más de lo que debería, estaré encantado de ayudarte.

Siguiente paso

Si esto te resuena, podemos trabajarlo en terapia

Sesión presencial en la Sierra de Madrid, en Collado Villalba, u online. Si quieres, revisamos tu caso y vemos el mejor enfoque.

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